Día 11: Waternash – Fort William – Bonawe

– “Estas bien?”

– “Si, si, he podido poner el pie en el suelo”

– “Vale, bájate del todo” …

Martes y 13, no soy especialmente supersticioso, aunque esta coincidencia de dia y número de día siempre me da como mal rollito.

Hoy tocaba abandonar la isla de Skye y tomar dirección Fort William para ir a dormir a un más que recóndito lugar cerca de Oban. Como lleva siendo habitual en los últimos días, el día esta nublado, lluvioso, feo en general. Nos levantamos, desayunamos rápido, hoy Mick no ha venido a darnos charla, de hecho solo ha aparecido para traerme el chocolate, creemos que Lyn no le ha dejado :).

Recogemos y empaquetamos, no llueve aparentemente, lo que es bueno, pero dejamos los chubasqueros a mano. Hace tiempo, mucho, me compre una red elástica con seis anclajes para llevar cosas en la moto que no caben en el baúl, siempre va en la moto, ocupa poco y puede ser muy útil. La usamos para llevar los chubasqueros a mano, envuelve la maleta derecha, así podemos fijar los chubasqueros encima y no necesitamos abrir maletas para ponérnoslos.

Nos despedimos, salimos y empieza a chispear, seguimos viaje, unas gotitas no nos van a obligar a parar. Nuestra ruta hoy no tiene ningún punto intermedio, vamos directos ya que, aún así, según el GPS, van a ser casi cuatro horas de moto, sin contar paradas. No se por qué, pero hoy no estoy muy “católico”, quizás el cansancio acumulado o la desazón por sentir que el viaje se acaba y ya se acabó lo bueno, quizás la desesperación de ver la lluvia otra vez, no es mi mejor día.

Rodamos poco a poco tratando de salir de Skye, las carreteras son buenas, hay tráfico, pero se hace entretenido el camino, pasa una media hora y comienza a llover fuerte, nos detenemos en una parada de autobús, está es de semilujo, con banco, casi totalmente cerrada, podemos incluso posar los cascos. Estando en estas, poniendo chubasqueros, aparece una pareja, andando. Son un chico y una chica jóvenes, llevan tres mochilas y un cartón en la mano, que pensamos era para sentarse. Llevan chubasqueros cubriendo la parte superior del tronco y la cabeza. Se cubren con nosotros cinco minutos, apenas sin mediar palabra y se vuelven a ir. Sigue cayendo con fuerza, acto seguido nos damos cuenta de que están haciendo autoestop y A. dice “siempre hay alguien que está peor que tú “. Tan obvio como cierto, por algún extraño motivo, eso me levanta un poco el ánimo.

Cuando estamos listos para arrancar, una autocaravana para y recoge a los autoestopistas, han tenido suerte, a saber donde acaban.

De nuevo en marcha, la carretera se torna divertida, a pesar de la lluvia, curva tras curva, algún adelantamiento que otro, paisajes nuevos, nos estamos diviertiendo. En un cruce el GPS nos lleva a la derecha, me lo paso porque me suena que era por el otro lado. Reviso la ruta por encima y hay que dar la vuelta. Retomamos el camino “correcto” y circulamos por una carretera mas estrecha pero bien de piso y con dos carriles. Las reviradas curvas y el paisaje distinto, que no habíamos visto antes, nos alegra la mañana. Después de unas quince millas me mosqueo cuando veo en el GPS un dibujo de un barco a 1 milla y, efectivamente, llegamos al puerto y a un ferry. Nos paramos antes, miramos el GPS, ponemos la opción “evitar ferries” y mientras tanto ser acerca un operario del puerto. Le preguntamos cuanto cuesta el ferry y a que hora sale. Nos comenta que sale en una hora y que el precio nos lo dirán en la oficina. Nos sugiere que nos metamos en el parking y nos tomemos un café mientras esaperamos, que su forma “polite” de decirnos que nos vayamos de donde estamos. Una hora de espera, mas 45 minutos de trayecto no merecen la pena, asi que recalculamos ruta y volvemos para atrás. Si ya el día iba a ser largo, ahora lo va a ser más :(.

Deshacemos el camino andado, volvemos a la carretera principal y buscamos un sitio donde comer, que ya es hora. Paramos e un sitio que no tiene mala pinta, RedSkye se llama. Esta al borde de la carretera y anuncia comida  y free wifi. Paramos, quitamos chubasqueros, cascos y demás y entramos. Es un sitio pequeño, con pocas mesas, pero bastante acogedor. Echamos un ojo a la carta, cachis en diez que precios!! Bueno, solo por no volver a poner todo y buscar otro sitio nos quedamos.

Pedimos comida y bebida, llegan nuestros platos y, todo hay que decirlo, la comida estaba muy buena… si fuese suficiente cantidad para quitarnos el hambre sería perfecto. Cometemos la osadía de pedir un postre para endulzar el trago, lo que ayuda muy poco a arreglar el problema, el postre tambien es mas que escaso.

Con la mala sensación de sentirnos engañados nos vamos y retomamos camino. Tenemos todavía unas tres horas de camino, ya no llueve, bien!!

Kilómetro a kilómetro, milla a milla, disfrutamos de la carretera que nos lleva a Fort William, sorprendente buen piso y curva tras curva. De nuevo aparece la lluvia y no hay donde parar, a pocas millas de Fort William, encontramos un restaurante, está apartado de la carretera, nos salimos, se llama Old Pines. A. Pregunta si se puede tomar un té, afirmativo! Quitamos nuestras chaquetas mojadas y, nos sentamos en un pequeño sofa en una pequeña salida de estar. Old pines un hotel en realidad, con un pequeño restaurante. No es un bar al uso. A nuestra izquierda unos caminantes, parece que también cogidos infraganti por la tormenta, disfrutan un te caliente.

Nos tomamos un te, un chocolate caliente y un par de trozos de tarta. Pagamos, ponemos chubasqueros y volvemos a la ruta. Una hora y pico más tarde, nos quedan solo 15 millas para llegar a destino, pero el gps dice que son unos 45 minutos :O. En una indicación a la izquierda me equivoco y me meto antes de tiempo, entramos por una carretera muy estrecha que indica máximo 10 por hora. Llegamos a un fondo de saco y damos la vuelta. Sigue lloviendo, el suelo tiene una endidura, una vez maniobrado, salgo hacia la derecha con el manillar girado y la moto se para, el peso me vence, le digo a A. Que baje rápido, ya tiene el pie derecho en el suelo, asi que se aparta fácil y dejo posar la moto en el suelo suavemente sobre el lado derecho. Le pregunto a A. Si esta bien, quito el contacto y me echo a un lado… bueno, no ha pasado nada, el cansancio, los guantes empapados con los que se pierde tacto y mis intentos por no quemar demasiado embrague con tanto peso han hecho que cale la moto y se vaya al suelo. Respiro hondo, me coloco de espaldas, como he aprendido en los tutoriales que he visto por ahi, pongo la pata de cabra, mano izquierda en puño derecho, mano derecha en el asa del pasajero, culo en el asiento, piernas dobladas y los mas de 300 kg. Suben poco a poco. Chequeo de daños, parece que la maleta casi ni se ha rallado gracias a la red que sujetaba los chubasqueros. La moto arranca, todo en orden, salimos de nuevo tomando la dirección correcta.

La carretera es sumamente estrecha, llena de passing places y de curvas con poca visibilidad, mas teniendo en cuenta que sigue lloviendo. Además hay muchos cambios de rasante y no esta precisamente limpia. Con mucha cautela, llegamos por fin a la casa. Mientras nos bajamos, aparecen Hazel y su marido. Nos dan la bienvenida, nos enseñan la casa y ayudan a bajar las maletas. Son pasadas las seis de la tarde, asi que nos apresuramos a preguntar donde podemos cenar o comprar cosas para cenar. Nos dicen que, como nos temíamos, tenemos que ir a Oban a unas 15 millas, otra media hora por la carretera por la que hemos venido.

Con la moto descargada, cogemos de nuevo la carretera, sigue lloviendo. Con la lluvia y por habernos quitado el casco, al volver a enfundárnoslo, es imposible poder cerrar la visera sin que las gafas se empañen. Así que las gafas se empañan, la velocidad tan lenta hace, además, que no corra aire suficiente como para desempañar, asi que a mitad de camino tengo que parar porque, literalmente no veo nada con las gafas empapadas. Solución: quitar las gafas. Por suerte mi miopía es ligera y veo mejor sin gafas que con ellas empapadas. Así llegamos a Oban, a un Lidl, en el que comprarnos cena y desayuno y volvemos a la casa. Ya no llueve!! La verdad es que la carretera de vuelta sin lluvia, es una pasada, va por borde del mar, pasando por alguna zona con casas.

Llegamos a la casa, por fin! Cena, ducha, ropa a secar y a descansar que ha sido un martes y trece muy largo.

Un comentario

Deja un comentario