Dia 5: Strathpeffer – Castle View

El suelo de madera rechinando con los pasos de alguien en el pasillo, a pesar de la moqueta marrón que lo cubre por completo, incluidas las escaleras, los pájaros cantando, la luz del sol entrando por la ventana, que bien hemos dormido! Y que bien se está en esta casa.

Victoria y Rob son encantadores, nos miman con el desayuno y nos cuentan que les encanta España, de hecho se acaban de comprar una casa en Almería. Tiene dos perros y un gato, que campan a sus anchas por la casa, eso sí, sin meterse en las habitaciones. Él trabaja desde casa y ella se dedica a cuidar de los huéspedes, viven en la misma casa donde nos alojamos.

Ayer cuando llegamos, empapados, cansados, fueron nuestra salvación. Nos ofrecieron sitio donde colgar la ropa mojada en su cuarto de lavado, donde hace mucho calor y las cosas secan rápido y nos reservaron el restaurante para cenar mientras nos duchábamos.

Preparamos las cosas, una vez desayunados, cargamos la moto y nos despedimos , no sin antes firmar en el libro de visitas y darles nuestra tarjeta. La ruta de hoy nos llevará primero hacia Inverness a ver el lago y luego hacia el norte dirección John O groats. Hace sol, aunque la carretera está húmeda. La carretera es buena, quiero decir, tiene curvas, el piso no es muy bueno, pero el trazado es divertido. Después de unos 20 minutos me doy cuenta, estamos tardando mucho… pero la carretera mola. Llegamos a un cruce que nos indica Inverness a la izquierda, pero el GPS nos dice a la derecha… se le ha ido la pinza… así que cogemos dirección Inverness. Efectivamente el GPS había trazado una ruta de horas que iba pasando por carreteras paralelas a la que teníamos que coger. Paramos en uno de los aparcamientos al lado del lago. Sacamos la cámara y varios coches más se paran cerca de nosotros. Una señora se dirige a nosotros en francés, cambiando al inglés luego. Charlamos con ella un rato, a ratos en francés, la mayor parte en inglés. Nos cuenta que son de La Bretaña francesa y que están de viaje por Escocia. Que les encanta España (como a todo el mundo 😉 ) y nos pregunta de dónde somos. La matricula española de la moto y nuestra particular locuacidad nos están haciendo conocer a mucha gente, mitad extrañados por vernos venir desde tan lejos, mitad curiosos.

Comienza a llover un poco, nos despedimos de la señora y su marido, guardamos rápidamente el petate y arrancamos. Dirección norte! Nos esperábamos una carretera amplia, más recta, como la que sube por el centro de Escocia, pero nada más lejos de la realidad, la carretera circulaba por la costa, cruzando el agua en varias ocasiones y siguiendo la línea que marcaba el mar.

Después de unas cuantas millas,ya con el hambre apretando, nos salimos en la primera salida que apuntaba a un pueblo con “services” y paramos en frente a un bar y un hotel a ver si nos daban de comer. Lo hicieron y bastante bien, el bar nos dio un poco de cosa porque tenía un cartel que indicaba en letras grandes que había encomendarse a Dios y rezar, así que fuimos al hotel. Era un hotel pequeño, todo blanco por fuera y con un pequeño comedor. Nos sentamos, solo hay otra mesa ocupada, una chica con un bebé y el que parece su padre. Comemos muy bien, un estofado de carne con patatas y guisantes, un helado de postre y continuamos ruta.

Quizás comimos demasiado, una de las cosas que hemos cogido como costumbre es comer menos a mediodía, cosa que se agradece, sobre todo si tienes que trabajar luego o, como es el caso, tienes que seguir ruta. Una hora después de salir, paramos de nuevo en un pequeño pueblo costero. Un poco de agua, estirar las piernas, unas fotos y seguimos.


Arrancamos de nuevo, nos queda una hora de camino, nos incorporamos a la carretera principal y de pronto una señora con un coche pequeño azul decide salir de nuestra derecha sin mirar, invade nuestro carril y nos envía contra la acera. Por suerte consigo parar la moto antes mientras hago sonar la bocina … ella ni se entera, no creo que me haya visto u oído. En fin, seguimos.

El paisaje cada vez se va volviendo más arisco, menos casas, más curvas en la carretera, más elevaciones y bajadas y, sobre todo, mucho más viento. Cada kilómetro que avanzamos, el viento aumenta. Cuando nos quedan unas 30 millas empieza a llover, flojo pero sin parar. Tratamos de seguir sin poner los chubasqueros pero no para. Para evitar mojarnos paramos ponérnoslos, nos paramos al lado de una parada de autobús que, al menos tiene techo. Tras pelear con ellos un rato, conseguimos ponérnoslos y seguir viaje. Pasamos Wick, parece un pueblo grande, es un buen sitio para venir a cenar. Sabemos que nuestro alojamiento está aislado y no se puede cenar allí.

Llegamos a Castle View, es una casa nueva, que está en la parte alta de una pequeña loma. Las vistas son increíbles, con un pequeño castillo semiderruido a la derecha y el mar y la playa enfrente. La habitación es pequeña, tiene dos camas y el baño, en parte es abierto, solo,el wc tiene puerta. Todo está bastante nuevo y limpio.

Decidimos irnos a Wick a cenar, buscamos en Google un sitio y vamos para allá. Es un restaurante de comida francesa, muy rico, pero bastante caro, de esos en los que el chef sale a preguntarte si todo está bien.

De vuelta de la cena, comenzamos la rutina que, está vez, se vuelve pesadilla. No encontramos alojamiento para mañana. Rendidos, tras haber enviado unos 10 emails, nos vamos a dormir con la esperanza de que mañana, tengamos una respuesta positiva.

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